“Arsenio y Feijóo”. Xosé Castro

Cuando Djukic falló el penalti contra el Valencia que impidió al Super Depor ganar una liga, Arsenio Iglesias interpretó lo sucedido como una fatalidad del destino: “Eso estaba así escrito y hay que aceptarlo”, dijo.
Me acordé de esa frase lapidaria cuando los barones populares pusieron sus ojos en el presidente de la Xunta para presidir y superar la crisis del partido y yo, como el mítico entrenador, pienso que esta designación también “estaba escrita” por el destino, en este caso gozoso para él.
No quiero colgarme medallas, pero cuando en junio de 2018 Feijóo envió a su gente el lacónico SMS “Nos quedamos”, escribí que era una decisión acertada porque aquel PP,
“más que un líder, necesita un mesías que puede acabar crucificado” y él no tenía entonces, ni ahora, vocación de mártir.
Un mes después se fue a Moncloa y el posado fotográfico con Sánchez mostraba a ambos mandatarios en buena sintonía. Tras esa entrevista publiqué otro comentario titulado “El segundo tren de Feijóo” -23 julio 2018- en el que sostenía que Pablo Casado, que esos días estrenaba el cargo, iba a ser un presidente de transición que sería abrasado en el intento de recomponer el partido, muy dividido tras unas primarias
traumáticas.
“Entonces -decía en aquel artículo- vendrá un segundo tren a buscar a Feijóo “el deseado” que sabe cómo unir al partido, como gestionar en la crisis y en la abundancia y, sobre todo, sabe cómo ganar elecciones. Cuando eso ocurra, que ocurrirá, Sánchez y Feijoo volverán a verse en la Moncloa y no es descabellado pensar que a medio plazo se produzca un cambio en sus papeles: Feijóo como presidente del Gobierno de España recibiendo a Sánchez como jefe de la oposición. Será la imagen del bipartidismo del siglo XXI”.
Vuelvo a Arsenio. Después de dejar al Dépor, aceptó la llamada del Real Madrid, oferta que representaba la culminación de su carrera deportiva. Pero en aquellos meses su sonrisa serena se trocó en mirada triste porque varios jugadores de aquel complicado vestuario le amargaron la existencia. “Demasiado lío aquello, chavaliño, demasiado follón”, respondió a un joven periodista que le preguntó por aquella experiencia.
El presidente Feijóo tampoco puede rechazar ir a Madrid. Lleva el aval de su brillante curriculum político y de gestión, de dirigente serio, centrado y eficiente. Pero el “vestuario político” madrileño -el popular y el de los otros partidos- también es complicado y él sabe que “allá no es como acá”, antes que afectos le tenderán trampas, que ya aparecen en algunos medios que le marcan deberes que no exigen a sus políticos afines. Que la suerte le acompañe. Por su bien y el bien de España que necesita un Partido Popular fuerte.