“Tramposos”. Xosé A. Perozo

HACE una eternidad cayó en mis manos un libro de 1844 titulado ARTE DE ROBAR o Manual para no ser robado que contiene verdaderas lecciones útiles para conocer y comprender la condición humana e, incluso, el ejercicio de la vida pública. Es un rara avis recomendable a quienes hoy intentan ser tramposos y, al mismo tiempo, para liberarnos de sus trapisondas televisadas.

En las sentencias que abren el libro hay dos adecuadas para reflexionar en este momento. Una es de Maquiavelo y dice: “Los hombres son tan simples que el que quiere engañar siempre encuentra alguno que se deja”. La otra es del moralista La Bruyère, quien afirma: “La destreza es la causa próxima de la bribonería”. Ambas pensé enviárselas a Meritxell Batet con el objeto de que las fije en el frontispicio del Parlamento español y así recordar los sucesos del pasado jueves, día 3, de este glorioso febrero.

Dos parlamentario de UPN, Sergio Sayas y García Adanero, trataron de emular el ilustre tamayazo, o consagración fraudulenta de Esperanza Aguirre en la presidencia de Madrid, solo por infligir una derrota pírrica al Gobierno de Sánchez. Tan simples ellos se dejaron engañar y trataron de trampear los votos en la Cámara Baja. Sin embargo a quienes presuntamente indujeron a la bribonada les faltó la destreza necesaria para hacer buena la sentencia del libro. Un cúmulo de torpezas, de falta de pericia informática y cabreo ante el fracaso de la jugada, fraguada con cartas marcadas y traición cortesana al estilo del siglo XVIII, concluyó por acrecentar la imagen depauperada del parlamentarismo actual. Que no sé si eso es lo que finalmente pretendían los bribones de la comedia.

No, no me sentaré en el sillón moralista de pontificar para hablar de la falta de respeto del PP de Pablo Casado hacia la ciudadanía y al ejercicio democrático. Tampoco sobre la furia herida de su equipo al saberse fallidos, reclamando una rectificación torticera. Me limitaré a recomendarles la lectura del ARTE DE ROBAR donde se sentencia que “hurtar es un arte pero no todos los ladrones son artistas”. La mayoría no pasa de vulgares tramposos.