“Invasión”. Xosé A. Perozo

SOMOS hijos de la ira. / Caín nos dejó huérfanos / de la bondad del hermano. Con estos tres versos comienza un poema que no sé cuándo escribí contra la guerra, con la certeza de que el psicólogo que escribió la Biblia, al privar de descendencia a Abel, había condenado a la Humanidad a ser sempiterna víctima de la ira de los sicópatas amantes de la confrontación militar y del mal. Por entonces también creía que con la creación de la ONU podríamos conjurar la Tercera Gran Guerra Europea predicha por Nostradamus para este comienzo de siglo. Ahora quizás estemos pisando el primer peldaño de la profecía.

La invasión de Ucrania por el ejército ruso es un acto de Caín maquinado por uno de sus hijos, quien además amenaza a Finlandia y Suecia como una evidencia más de su perfil psicópata contra el templado poder militar de la OTAN. Un personaje al que el mundo demócrata ha dejado crecer mientras quemaba ofrendas a los dioses del capitalismo financiero, de la globalización y de las desigualdades sociales, atento al perfume del incienso especulativo de la pandemia y de las crisis económicas sucesivas.

Vladimir Putin ha iniciado una invasión cruenta, sobre un país soberano, con mentiras de liberación, amplias fuerzas humanas y sofisticado armamento. Las respuestas del universo demócrata son inútiles ataques financieros a Rusia y a sus dirigentes. Parece un dramático chiste de Miguel Gila: “Que se ponga el enemigo, que vamos a cortarle el güisqui”. El miedo atenaza a Europa y América, mientras China se encoge de hombros. Esta situación favorecerá el crecimiento del fascismo, que viene cosechando votos en todo el territorio europeo, y no parece sólo el inicio de una nueva guerra fría, caso de que Putin consiga recrear el mapa de la antigua URSS.

La evidencia de la extrema derecha horadando los cimientos de las democracias y la imposición militar de otro gran tota-litarismo en el este, también fascista, no creo que sean elementales coincidencias temporales. La moviola de la Historia vuelve a ser pertinaz e incansable. Soplan malos vientos para la convivencia en libertad. Y para la esperanza.