“Tú sí, tú no”. José Antonio Constenla


Moncloa en un intento de silenciar a periodistas incómodos para el “sanchismo” y sus socios, impone la estrategia de no convocar a los medios más críticos con el Gobierno. Así, alegando problemas de aforo, descartó la presencia de
una decena de ellos (El Mundo, COPE, Onda Cero, La Razón o el ABC, por citar algunos) en un briefing sobre el reparto de fondos europeos. Las líneas editoriales de estos medios son diversas, pero tienen en común rebelarse ante el relato que mana del poder. Su exclusión debería haber tenido una respuesta contundente por parte de los que sí fueron invitados, haciendo el vacío informativo, no por una cuestión de corporativismo, sino de defensa de la libertad de prensa.
A Sánchez cada vez le gustan más las declaraciones sin preguntas y despreciar a la prensa libre e independiente, algo propio de regímenes totalitarios. ¡Que cuajo estar más preocupado por el estado de las libertades en Polonia o Hungría que por ejercer la transparencia y pluralidad informativa de la que tanto habla y que no practica!
El gobierno ha perfeccionado la “vetocracia”, concepto introducido por Fukuyama en “El fin de la Historia”, que plantea la capacidad de los partidos políticos para bloquear el funcionamiento de la democracia en función de la defensa de sus intereses particulares.
No estamos ante un hecho aislado ni una novedad. Sánchez aplica la “mordaza”, como reflejo de cómo entiende el papel de los partidos políticos y de los medios en el funcionamiento de la democracia. Los vetos y censuras se
usan para tapar abusos, arbitrariedades, caprichos y maniobras, todo lo cual enturbia la separación de poderes y debilita nuestra calidad democrática.
Estas maniobras buscan convertir en irrelevante el papel de la prensa y de los periodistas, negando que su misión primordial sea ejercer el control independiente del poder y proporcionar a los ciudadanos la información veraz,
verificada y contrastada que necesitan para tomar decisiones libremente. La rendición de cuentas, esencial en democracia, tiene como una de sus vías principales las ruedas de prensa con derecho a preguntas que, de no
permitirse, convierte las comparecencias en pura propaganda.
La imposición del silencio informativo no perjudica a los periodistas, sino a los ciudadanos, a los que se priva de conocer a fondo decisiones que pueden condicionar su vida presente y futura. Estos dejan de ser soberanos para ser
siervos, a los que se puede engañar con mentiras y bulos. Desafortunadamente, la libertad de expresión y de prensa, consagradas en la Constitución y en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, no pueden darse por conquistadas y deben ser defendidas constantemente.
Las intervenciones sin preguntas y la exclusión de periodistas, nos llevan a la conclusión de que esas libertades están en serio peligro en el país.