“Afganistán, novena entrega”. Jacobo Otero Moraña

Antes de entrar en otros asuntos escabrosos, que los hay, o de hacer una regresión histórica que seguramente provocará escándalo (veremos si no me cierran la página un mes), quiero incidir hoy en el asunto de los refugiados y como nuestro presidente se ha redimido de golpe a la vez que conseguía el tan ansiado reconocimiento de su homólogo norteamericano.

Dicen las malas lenguas, que el abuelo Joe(o tal vez su Secretario de Estado), picaron antes en puerta germana e itálica. Pero dado que Frau Angelita y el tecnocrata Draghi le dieron con ella en los morros, hubo que buscar alternativa. Ya sabemos que por muy socios amistosos que sean, con Macron y La France, EEUU va con tacto. Desde tiempos de De Gaulle, quedó claro que son como el gato de la casa. No está claro si es tuya o de él. Y con los “primos británicos”, lo mismo. Ellos ya tienen demasiado remanente multicultural gracias a su Commonwealth.

Quién quedaba entonces? Pues permitanme un poco de sarcasmo. Biden mira papeles en el Despacho Oval y no ve solución. Se vuelve hacia su jefe de diplomacia y pregunta:-Anthony (Blinken), a quien podemos recurrir?-Está el presidente de España.-Y ese quien es?-El tipo que corría detrás de usted en la cumbre de la OTAN de Bruselas.-Es de fiar?-La verdad que no lo sabemos. Siguió de vacaciones en plena crisis. Tiene montado un pollo de los gordos en Cataluña y ha dado entrada a ministros muy de izquierda en su gobierno.-Pero crees que aceptaría a los refugiados afganos?-A ver. Teniendo en cuenta que anda como loco detrás de usted, esperando que le haga un poco de caso, y que su antecesor nos arrendó las bases de Morón y Rota por otros cien años, yo diría que si.-Perfecto. Llámalo.Y tras esto, vinieron esos veinticinco minutos de conversación en los que Sánchez, henchido de orgullo, ya se presenta como salvador de Occidente.

Ojo. No me escucharán a mi criticar que se ayude a personas que huyen de una muerte segura. Ignoro si se quedarán aquí esos quince días estipulados o más. Y en cualquier caso, es Io de menos dada la coyuntura. Aunque también debemos admitir que la preocupación no es infundada. Y no por las personas que han debido dejar todo atrás, sino por los posibles infiltrados de los “barbudos” que puedan colarse. Ya pasó antes, y mal que nos pese, volverá a pasar.

En cuanto a nuestro presidente, ese afán por ser reconocido, y salvando las distancias, me recuerda al momento en que el gobierno de Franco empezó a buscar como fuera el cariño del” amigo americano”. En 1945,y con la IIGM aún en curso, comenzaron las conversaciones para permitir a la USAF utilizar el aeródromo de Torrejón de Ardoz. Luego, a medida que se hacía evidente la división del mundo en bloques antagónicos, vinieron los otros “regalos” en la década de los 50.A fin de cuentas, Franco y Eisenhower eran dos militares, así que podían entenderse. La culminación vino con aquella visita a España del mandatario norteamericano en 1960, y el abrazo a pie de pista.

A Ike le quedaba poco en la Casa Blanca. Sabía que no podía acceder a un tercer mandato y se retiraba con un gesto para la galería que aseguraba el portaaviones peninsular en la esfera del Tío Sam.

Pues ahora, a Pedro Sánchez, le han hecho lo mismo. No es cariño, sino interés. Y el que no quiera verlo, peor para él.