“Afganistán, entrega veintidós”. Jacobo Otero Moraña

Era un secreto a voces, pero a estas alturas, ninguna de las dos partes se oculta. China fue el único país que no evacuó su embajada en Kabul ante la inminente llegada del Talibán. A ello sumar que ya desde finales de julio, hubo reuniones de alto nivel entre la diplomacia de los mandarines y los representantes de los barbudos(es evidente que a estos últimos no les concedo estatus oficial). En cuanto a Beijing, donde ya estaba más que mosqueado con su proceder tras la propagación de este maldito virus(nadie me quita de la cabeza que es un producto de sus laboratorios, sea Wuhan u otro) con esto que hacen ahora, han perdido toda la admiración y respeto que en otro tiempo sentí por ellos. Ojo, no crean que en algún momento de mi vida fui prochino, como el señor Monzón (alias Wyoming). En lo que a mi respecta, ni el maoismo original ni el de sus sucesores tiene nada de ejemplificante. A diferencia de un pariente, no creo que la única manera de controlar a un país de más de mil millones de habitantes sea a través de un régimen totalitario de partido único con economía planificada. Y me parece que los muchachos que en 1989 tomaron la Plaza de Tiananmen tampoco estaban de acuerdo, pero ya sabemos como terminó aquello. Para los desmemoriados o demasiado jóvenes, les hago un spoiler: El ELP movilizó unidades de choque que previamente habían intervenido en actuaciones similares en la región de Tíbet. Por si alguno tenía algo de remordimiento(cosa difícil a causa del adoctrinamiento del PCCh), les inyectaron sustancias que incrementaban su agresividad disfrazadas como vacunas (de qué nos sonará esto). Los oficiales al mando arengaron a la tropa diciendo que los estudiantes, además de estar controlados por potencias extranjeras hostiles a la “gloriosa revolución”, habían contraído enfermedades que podían dar pie a un contagio masivo (lo de hacer experimentos con su propia población lo tienen muy avanzado allí). Pues cuando tuvieron todo listo y los accesos cerrados, convirtieron la plaza en una ratonera donde el movimiento aperturista de la juventud china acabó aplastado a base de orugas de vehículos blindados y porrazos. No hubo más protestas. Ni las volverá a haber. De la misma manera que los romanos depusieron en su día a Tarquino o los Franceses a Luis XVI, no solo eliminaban físicamente al rey, sino a la institución. Los líderes del PCCh, otro tanto.

Lo peor de todo es que el resto del mundo no reaccionó. Ni con una intervención militar, que evidentemente nadie quería, ni con un bloqueo económico a través de sanciones perennes. Que va. Todos a lo suyo. Y cuando tres años después se celebra la Exposición Universal en Sevilla, el pabellón chino fue uno de los más visitados. Ellos, que pueden ser perversos pero de tontos tienen muy poco, aprovecharon al máximo su oportunidad. Cuando quisimos darnos cuenta, no había ciudad sin sus tiendas Friendship(Todo a 100)y sus restaurantes que parecen de franquicia aunque funcionen de manera independiente. Y en ese éxito todos tenemos nuestra parte de responsabilidad (me incluyo). Compramos “baratijas” tontas aún sabiendo que se rompían en tres días, y fuimos a comer a sus locales por la gracia de usar unos palillos que no sabíamos ni como manipular, aunque luego tuvieras que correr al baño a causa de la “salsa de ostlas”, la “familia feliz” o el “licol de lagalto”… Imagino la conversación del chino con sus parientes o con el contacto pertinente del PCCh:”Estos” fan gwai loh”(demonios extranjeros) son “pantan” (tontos)… Y cierto que lo somos,porque en los últimos treinta años hemos permitido que la economía global acabe en manos de un país que nos odia. Puede que tampoco sientan la menor simpatía por sus vecinos japoneses, pero hace lustros que decidieron concentrarse en nosotros. Y la jugada les salió perfecta. Nunca quisieron llamar la atención. Su comunidad es hermética. No se integran demasiado, pero tampoco causan problemas. Y eso hace que nadie les perciba como amenaza. Por todo eso, yo admiraba su cultura y discreción. Leí a Lao Tse y a Confucio. Aprendí Kung Fu, Chin na Shu y Shuai Jiao. Hasta me interesé por juegos como el “ma gong” y alguna historia esotérica como el I Ching. Oriente resulta fascinante para nosotros. Imagino que así debió sentirse Marco Polo a su llegada a la corte de Kubilai Khan. Pero precisamente por ello, olvidamos un detalle fundamental :ellos no nos consideran sus iguales. No son aristotélicos. Sólo están a la espera del momento y la oportunidad. La rebelión de los “Bóxer” les salió mal, y aún así, tuvieron cercados a los diplomáticos occidentales durante cincuenta y cinco días (al que no haya visto la película, se la recomiendo), pero habría que tener en cuenta un detalle. Hizo falta que todas las naciones se unieran mandando nutridos contingentes de tropas para doblegar a los rebeldes y a la emperatriz(que les apoyaba en la sombra). El castigo ejemplar que decapitó a los derrotados no sabemos si obedece a un “lavado de cara” o a poner de manifiesto la impericia que demostraron. Sea una cosa o la otra, lo cierto es que aprendieron la lección,y hoy, como ya comenté lineas arriba, extienden sus redes neocoloniales sin oposicion. África y buena parte de Hispanoamérica están en sus manos. Todo en base a su red clientelar. Hasta en Chipre han abierto una delegación comercial que compite en tamaño con el palacio presidencial.

Pues bien. Si negocian con todo y con todos, alguien tenía la menor duda de que lo harían también con el Talibán? Es evidente que no. Ellos no se preocupan por la moral del interlocutor, sino de los recursos que tenga o pueda ofrecerle. Reciben petróleo iraní sin importarle un bledo los embargos, si gasean a los disidentes o cuelgan homosexuales. Y lo mismo ahora. Afganistán es para ellos una oportunidad. Todo está por hacer, desde una carretera a un cobertizo. Desde un cubo de hojalata hasta la maquinaria con la que explotar esas famosas minas. Lo único que no van a poder colocarle a los barbudos es armamento de Norinco, ya que los americanos les dejaron allí material de primera.

Así que ya ven. Esa es la cruda realidad. Piensenlo un poco. Tal vez la próxima vez que crucen la puerta del chino de su barrio, vean las cosas de otra manera. No es cuestión de racismo o xenofobia, sino de lo que se va a financiar con ese dinero que ustedes están pagando.