“Visitantes”. Jacobo Otero Moraña

Algunos creen que eso de recibir visitas veraniegas es cosa de hace cuatro días. Fulano o mengano,con familia en la meseta o en tierras catalanas, se encuentra con sus primos y demás parentela durante los meses estivales. Todos, en amor y compañía, se dejan ver por los lugares más pintorescos de
nuestro pueblo. No faltan las fotos ni el recorrido por las tascas, donde por unos días, nadie es más que nadie y hasta el más estirado, parece tan feliz como un niño la mañana de reyes tras volver a sus “raíces”.
Luego pasa lo de siempre. Unos vuelven a la rutina y otros huyen a matacaballos hacia sus adoradas urbes. Pues bien. Dicho trasiego se daba,da y dará. No vamos a decir que todo aquel que viene lo haga a
la fuerza. Tampoco que exista un cinismo generalizado en el proceder de los protagonistas. Pero estaría bien que no nos engañásemos. Ni es oro todo lo que reluce,ni somos ese centro del Universo que algunos se empeñan en querer demostrar.

Revisando el anecdotario, resulta que en pleno agosto,hace sesenta años, se pasearon por las calles dela Centenaria Balduino de Bélgica junto a su esposa, Fabiola de Mora y Aragón. Por lo visto, dicho evento provocó que las calles se llenaran de curiosos mientras los ilustres turistas(dudo que nadie les llamara “fodechinchos”)dejaban su firma en alguno de los lugares emblemáticos. Concretamente, en la tasca da Cuba,donde supongo que el rey se echaría unas risas con el dibujo de la fachada, donde aquel pulpo coronado y con cara de ir “fino”, extendía sus tentáculos hacia las tazas rebosantes de ribeiro o país.
Miren por donde,que para estas fechas, se anuncia la llegada de otro personaje mediático. Y no me refiero a nuestra campeona de triple salto. De ser así,este artículo no tendría el tinte reivindicativo que pretendo imprimirle. Y es que a uno puede gustarle el deporte. O no. Puede caerle bien la aristocracia propia y foránea. O no. Pero lo que no se puede entender es que un tipo como Laureano Oubiña, recorra ahora Galicia y parte de España dándoselas de víctima y de jubilado al borde de la miseria, cuando toda su vida fue un contrabandista. Si al menos huiera tenido un poco de decencia(cosa difícil por no decir imposible),mostrando cierta dosis de arrepentimiento tras el daño causado,a lo mejor, algunos podían pensar que el fulano tal vez cambió. Pero no. Le publican un libro(él no lo escribió, ya que basta ver sus dedicatorias para darse cuenta de que en cuatro líneas no solo destroza la ortografía, sino la propia sintaxis),donde se atreve a contar una historia tergiversada hasta límites del absurdo con tal de justificar lo
injustificable. Pero si esto no fuera suficiente, se ríe de todo y de todos lanzando una línea de ropa llamada ”Nécora”. Yo me pregunto por un instante qué pueden pensar todas esas madres que vieron como sus hijos se convertían en zombis antes de morir del todo, cuando un sujeto de esa calaña se presenta en los pueblos o locales que le dan pie, y se pone a pontificar sobre sentencias y jueces corruptos. Qué cara se les pondrá a esas señoras cuando escuchen a semejante “eminencia” decir que él solo traficaba con hachís, que es una droga blanda. Ellas, al igual que quien les habla y muchos de ustedes, saben que tras el análisis de alcaloides de dicha sustancia, puede calificarse de muchas maneras, pero nunca como “droga blanda”. Luego nos extrañamos de que cierto sector de la juventud idolatre a estos delincuentes y reciban a pedradas a las patrullas que tratan de hacer cumplir con la legalidad en estos tiempos de pandemia.
Porque aunque crean que el ejemplo está pillado con pinzas, la línea entre reír las “gracias”a un delincuente y cuestionar a quienes representan la autoridad, es muy tenue.

Pues esto es lo que hay señores(y señoras). Así que ya saben. Son libres de criticar a los visitantes ocasionales, sean o no de alta cuna. A los “fodechinchos” de toda la vida. A los atletas que han puesto el nombre de nuestro pueblo en los mapas, y hasta a mi, porque tal vez no capto el sentido del humor de ciertas situaciones. Como bien pueden comprender, me trae sin cuidado. Lo que no entenderé jamás es que a un delincuente, se le cedan espacios que solo sirven para concederle esa dosis de decencia que tanto anhelan y que jamás tuvieron ni tendrán.