“Afganistán, sexta entrega”. Jacobo Otero Moraña

Iba a dar un respiro sobre el asunto, pero varios de los amigos que están siguiendo los artículos me han pedido que siga. Por desgracia, y como dije el primer día, hay material para seguir durante meses(sino años). Hoy quiero hacer mención del papel jugado, y errado, de los servicios de inteligencia. En su momento, y como ya comentamos, la invasión soviética hizo que de inmediato Estados Unidos y Reino Unido se posicionaran a favor de una insurgencia más o menos organizada. Desplazaron asesores y agentes sobre el terreno. Unos operando dentro del mismo Afganistán. Otros, desde lo que se consideró siempre una especie de patio de atrás de las potencias aliadas. Hablo de Pakistán. En la formación y modernización del ISI, británicos y norteamericanos no escatimaron en gastos. Parece que seguían pensando en los mismos términos que en los años 60 del siglo pasado, cuando el país no ponía pegas a nada con tal de contrarrestar el creciente poderío de la India. De allí partían los U2 que fotografíaban las bases soviéticas, y a medida que Neruh escoraba más hacia la izquierda, parecía que Pakistán sería siempre un socio fiable. Pues durante los años de la invasión soviética, pareció que todo seguía igual. Y tal vez lo fuese. Pero resulta sorprendente que los chicos de la CIA y MI6, tan listos ellos, no cayeran en cuenta de un detalle crucial. Los pakis estaban más pendientes de apoyar a sus primos pastunes que de la fidelidad a aquellos “sahibs” altaneros que llegaban desde las metrópolis.

Es sabido que desde el fin de la IIGM, el Departamento de Estado norteamericano no ha hecho otra cosa que meter la pata en Oriente Medio. No acaban de entender que a esa gente les importa un cuerno la democracia, las libertades individuales y las películas de John Wayne. Si quieren fuman, beben y toman por la fuerza a sus mujeres o a las de la tribu de enfrente. Y todo por voluntad de Alá, que por algo es todopoderoso, omnipresente y omnisciente.

A ello sumar que por un capricho del destino, Occidente depende del suministro de combustibles fósiles, cuyo máximo exponente de producción se encuentra en dicha zona. Y es por eso que aunque muchos de los agentes desplazados hubieron de enfrentarse a graves problemas de conciencia, al final no les quedó otra que tragar con la doctrina Kissinger :”El petróleo es demasiado importante como para permitir que los árabes lo controlen”. Ya se vio durante la crisis posterior a la guerra de Yom Kippur, así que desde entonces, hubo que empezar a mirar a otro lado. Y una vez que uno empieza a tener problemas de miopía, estos van en aumento.Pues se ve que han seguido en esa línea.

Sabemos que el norteamericano tiende a esa peculiar autocomplacencia que les ha llevado a imponer su “way of life” a través de moda, música, producciones hollywodenses y hasta el McDonald’s. Como decía un viejo profesor, la botella de Coca Cola será en su día un hallazgo tan importante como el del vaso campaniforme. Pero repito. Con los del turbante, eso no cuela.

En cuanto a los británicos, mucho menos ingenuos que sus parientes, saben como se las gastan por esos lares. Más de una vez, a base de fuerza, diplomacia o mezcla de ambas, supieron imponerse. Y no hablo de viejas glorias como Kitchener o D.H Lawrence. Templer hizo lo propio con los rebeldes malayos y les metió en cintura.

Pero en Afganistán todo ha fallado. La planificación, la logística y el análisis. Nadie dio pie con bola, y esto es ya para hacérselo mirar. Hasta quien les habla, sin contar con la información y medios de la que ellos disponen, sabe que los pakis no son de fiar. Que regar de millones a Islamabad ha sido un grave y carisimo error. Y lo peor de todo. Se ha dejado tecnologia de primer orden en manos del enemigo.

Ahora qué? Nos lamentamos como siempre? Decimos haber aprendido la lección, hasta la próxima?… Y lo peor de todo. Como será esa próxima? Veinte años atrás todo el mundo sabía que se preparaba algo gordo. Se habló de plan Bojinka y Complot del milenio. Al final, todo parecían desbarres propios de un guionista serie B, y como tal, nadie se dio cuenta de que estaban miopes perdidos.

Así, hasta que una mañana de un anodino 11 de septiembre, todos nos despertamos de golpe.