“Afganistán, cuarta entrega”. Jacobo Otero Moraña

Dirán que soy pesado con el tema, pero lo que ha ocurrido allí, necesita de concienzudo análisis y diferentes prismas. Uno, del que no se habla en exceso, tiene que ver con ese concepto de rebelde que adquirió protagonismo tras la invasión soviética de diciembre del 79.Al gobierno laico y proruso, se opusieron una amalgama de líderes tribales a los que inmediatamente se llamó “muyahidin”. El nombre, además de exótico, se convirtió al momento en sinónimo de “los buenos”, cuando la cosa no es tan sencilla. Y es que en ese concepto se incluyen dos términos :guerrero y religioso. El “muyahidim” es la contraparte del “fedayhim”, guerrero laico que se relaciona con el movimiento árabe-palestino. Estos últimos se fotografiaban leyendo el Libro Rojo de Mao mientras que el líder de la OLP, se cuidaba mucho de mostrar demasiada afinidad con la fe islámica (y eso que cuando le interesaba, enseguida salía a relucir su parentesco con el mufti de Jerusalén). Hasta la aparición de Hamas y la Yihad Islámica, terroristas como George Habbas incluso admitían públicamente ser “cristianos” (que ya tiene bemoles la cosa) Pues bien. Esta aparente minucia terminologica, resulta decisiva a la hora de entender como fue evolucionando el conflicto afgano desde mediados de los ochenta del siglo pasado hasta la actualidad.

El cine y la literatura no fueron ajenos a dicha situación. Por aquel entonces, desde la Casa Blanca, el Departamento de Estado y las diferentes agencias de inteligencia(civiles o militares)la prioridad era tumbar a los soviets como fuera.Resultado. Venta de lanzadores Stinger a los rebeldes para derribar cazas y helicópteros del “tío Iván”. En la novela de Tom Clancy EL CARDENAL DEL KREMLIM aparece el personaje de “el arquero”. Uno de esos “muyahidim” que aprende a disparar los juguetitos que proporcionaba el Pentágono y que demuestra su habilidad como nadie. Por si esto no fuera suficiente, en la tercera entrega de la saga, les envían a John Rambo, de manera que aquellos tipos de la estepa tuvieron a su disposición lo más sofisticado y bestia del arsenal norteamericano. Pues ya ven. Parece que entonces no importaba demasiado que los barbudos estuvieran pensando en Alá desde que se levantaban hasta acostarse (también en sueños). Ahora hay quien dice que todo ese armamento de última generación, abandonado intacto tras el repliegue, sólo son hierros carisimos que no sabrán utilizar.

Pues una de dos. O en veinte años no les han enseñado nada(que puede ser), o hasta el más cenutrio aprendió a pulsar el botoncito de marras.Y aún en caso de que ellos no sepan, no me cabe duda de que los chinos que ya pululan por la zona, sí saben. Y sino, aprenderán enseguida.

Dicen que en Asia Central puede estar la clave del próximo conflicto serio. Uno que tendrá como escenario el Pacífico y hasta el Indico. En juego no está sólo la libertad de circulación por los mares, sino lo que puede ser el equilibrio de fuerzas global, con Japón y La India como contrapeso al ELP de Beijing.

Veremos. Pero mientras el futuro es incierto y está por escribir, lo que ya se hizo mal no tiene remedio. Jason Burke, Robert Kaplan y Nelson de Mille, coincidían en una cuestión que no es ni mucho menos baladí. A pesar de lo ocurrido el 11S y sabiendo de donde procedían la mayor parte de los terroristas suicidas que ese día atacaron el WTC, hay una realidad tan dolorosa como incontestable, y es que EEUU ha instruido al 40% de los criminales más peligrosos del mundo. Entre ellos, los “muyahidim”.