
La noción de ciudadanía ha variado a lo largo de los tiempos y a lo ancho del mundo de acuerdo a los diferentes países, a la Historia misma, a las sociedades, a las culturas y a las ideologías políticas, lo que se traduce en muchas y diferentes interpretaciones del propio concepto de ciudadano.
Es por todos sabido que el origen de la ciudadanía se remonta a la Antigua Grecia, en la que los ciudadanos eran aquellos que tenían derecho a participar en los asuntos del Estado. Para los que tenían la condición privilegiada de ciudadano, la virtud de ser un buen ciudadano era una parte importante de la idea, puesto que la participación no se consideraba solo un derecho, sino también, y ante todo, un deber con su sociedad.
En nuestros tiempos, el término ciudadanía es mucho más que una construcción social y se refiere, entre otras cosas, a la condición personal de pertenencia, por ejemplo, a una determinada comunidad en la que poder participar y en la que influir de manera directa. Y hoy, Día de Europa, es obligada -y festiva- fecha para intentar una reflexión sobre el papel venidero que jugarán los jóvenes, parte fundamental del conjunto de la ciudadanía, sobre el futuro de nuestra Unión.
Lograr un futuro con certezas para la Unión pasa por potenciar una juventud formada en valores que propicien una voluntad general de estar involucrados y comprometidos con lo que esta Unión representa y, sobre todo, defiende. Cuestiones merecedoras de toda alabanza que -por desgracia en nuestros días se encuentran en un evidente peligro de muerte- deben revivir de nuevo después de tantas décadas de paz y progreso.
Es pues responsabilidad de las instituciones europeas trabajar para alcanzar este vital objetivo, fomentando y promoviendo una participación plural de todos los jóvenes en la sociedad y en los procesos democráticos, apoyando el desarrollo de un trabajo de calidad en el ámbito de la juventud a todos los niveles, en particular el desarrollo de políticas laborales, sin olvidar la importancia que tiene para los jóvenes europeos el programa Erasmus+ cuyos objetivos principales han sido, desde su creación, el impulso a la innovación y el fortalecimiento de la identidad europea.
Del mismo modo que el Camino a aquel primitivo Campus Stellae fue uno de los primeros en vertebrar Europa, consolidándose de manera contundente a través de los siglos, aprovechemos nuestra condición de embajadores xacobeos, y seamos nosotros, los jóvenes, camino de futuro para una Galicia y una España -en nuestro caso- abierta a Europa, sin olvidar los valores y principios fundacionales de solidaridad, futuro y paz que hoy se celebran y se recuerdan.



