Nuestros políticos, sobre todo los que tienen poder
ejecutivo y de decisión, siguen dando vueltas -como
sí estuvieran mareando la perdiz- a un tema de
máxima importancia para los ciudadanos como es la
vivienda. El problema afecta a todos los sectores de
la sociedad y según las encuestas se sitúa en el
primer lugar de las demandas que hacen los
usuarios. Los datos demoscópicos reflejan una gran
carestía en las viviendas y una escasez en la oferta
de los alquileres. Esos datos nos reflejan que seis de
cada diez españoles carecen de una vivienda propia,
que paga un alquiler cercano a sus ingresos o viven
en espacios insuficientes para el número de
ocupantes. Esa es la auténtica realidad que está
causando gran preocupación entre los jóvenes y sus
familias, convirtiéndose en uno de los principales
temas de debate público que para la gran mayoría de
los expertos es el primero. Algo que afecta de
manera muy directa a las nuevas generaciones que
pretenden iniciar una vida independiente.
En España existe un déficit real de viviendas. Y los
datos señalan que hay más hogares que casas. En
los últimos cinco años se han formado más hogares
que promoción de viviendas disponibles existiendo
una enorme presión de la demanda y una oferta
insuficiente. El ritmo constructivo se ha ralentizado
desde el año 2014.
Los expertos dan cuenta de que estamos ante una
problemática social y económica que afecta sobre
todo a los más jóvenes. Aquí en nuestro País
aumento de forma considerable la edad de
emancipación que se sitúa en los 30 años casi cinco
puntos por encima de lo que se registra en la Unión
Europea. Las encuestas revelan que cerca del 70%
de los que se emancipan lo hacen en base a los
alquileres de viviendas, y el porcentaje aumenta de
forma considerable en los que comparten lugar en el
que poder vivir. Y muchos de ellos para poder hacer
frente a alguna de estas dos situaciones lo hacen con
ayudas económicas procedentes de sus familias. No
olvidemos que una gran mayoría de los que se
quieren independizar suelen tener ingresos
económicos, por rendimiento del trabajo, muy bajos
que no les permiten acceder a una hipoteca según las
normas y garantías del mercado bancario.
Por desgracia la alternativa a disponer de una
vivienda está en el alquiler que suelen utilizar más
del 80 por ciento de los jóvenes en edad de poderse
emancipar por estudios o formación y abandonar el
domicilio familiar pero que tienen que conformarse
con compartir piso de manera más que generalizada.
El porcentaje, bastante mínimo, de los que se han
convertido en propietarios han necesitado ayuda de
otras personas -los padres, principalmente- para
poder acceder a una hipoteca con la que hacer frente
en la compra de un piso.
La solución en el momento actual es bastante
complicada. De todos modos considero que una de
las fórmulas para ir acometiendo la escasez de
vivienda radica en aumentar la construcción de las
de protección oficial, o protegidas, y las destinadas a
ese mercado de los que tienen enormes problemas
económicos y de liquidez para hacer frente a una
nueva casa, una respuesta para sectores de menor
poder adquisitivo.De ahí que sea de gran
importancia los planes de financiación. Un
posicionamiento que deben encabezar las
administraciones públicas para poner en marcha
planes rigurosos y de ejecución rápida con los que
intentar solventar este grave problema que cada vez
atenaza más a nuestros jóvenes.
Javier García Sánchez



