
Por favor no llores, me vas hacer llorar a mí.
A pesar de todo quiero a mi madre, la comprendo, ella podía haberme tirado por el váter, echarme a un contendor, o como Moisés una cuna de mimbre y dejarme en el rio.
Pero no, con dolor, y supongo que con mucho dolor me dejo en este orfelinato.
Breves, lejanos recuerdo de infancia.
Desde que fui adoptado, no siento la palabra como tal, me siento hijo de mi padre y mi madre, lo tengo tan asumido que te contare.
Un día llego la vecina, estábamos en el pórtico de casa, y la vecina dice a mi madre, como crece el niño, ojos azul cielo.
Si, seré alto como mi padre, y los ojos son de mi madre.
Tanto había asumido que ellos eran mis padres, que inconscientemente así respondí, alto como mi padre y ojos azul cielo como mi madre, no hay más.
Los niños a veces son crueles y en la escuela un niño dijo que yo no era hijo de mis padres era adoptado, eso fue hace años, llegue a casa llorando.
Mami me tomo en su regazo, me apretó contra su pecho, senti el calor del amor, y entre beso y beso me dijo.
Unos niños nacen bajo el corazón de la madre, tú naciste en mi corazón.
La madre que me trajo al mundo me abandono, entiendo sus razones, me dio la vida, la vida y una familia ejemplar, un padre y una madre como no puede haber otros.
Soy feliz y no siento razones para perdonar a mi madre, sino decir, gracias madre, por no tírame a las cloacas.
He crecido, tengo la altura de mi padre, y el alma amorosa de mi madre, cuando sea, seré un buen padre, he tenido buena escuela.
Amor, con amor se paga.



