
Por qué mueren las aldeas.
Progreso de unos muerte de otros.
Pasó en Portugal, pero podía ser aquí, y es aquí.
Estaba en un viejo bar de aldea, cerca de una vieja estación de tren, estación que descansa en el olvido.
Al otro lado en la aldea unas pocas casas embellecían el paisaje, con las chimeneas vivas.
Hablo con la señora y pregunto, como hacen las chicas de la aldea para que el novio regrese.
Los mundos han cambiado, ya no viene en burro hay motos e incluso coches.
Seguimos hablando, veo tristeza en su rostro al avanzar la conversación.
Me dice, con sacrifico de la familia, la vida del campo para ti puede ser bella, pero es dura y sacrificada, sus hijos o hijas logran ir a la universidad, por la distancia y la geografía del paisaje no se puede regresar cuando a uno le plazca.
Verano y navidad.
Luego con el tiempo, cuando ya son ingenieros, enfermeras o profesionales de la ciudad, algunas navidades, el verano tal vez, pero llama lo exótico, la aldea es la aldea.
En fin cuando se puede alguna visita a la familia.
Las gallinas van a menos, los aparejos de labranza descansan allí donde estuvieran, la hierba crece en total libertad, el gallo ya no canta.
Resultado final, muerto los viejos, en paralelo sigue la vieja aldea.
Antaño griterío de niños, el cantar del gallo, el viento ululaba, las vacas mugían, el viejo burro rebuznaba, la campana grande y la pequeña se alternaban, llaman a despedida, hoy ni eso, ya no hay mano que tire de la cuerda.
Muere la vieja aldea pariendo profesionales para la gran ciudad.
Con las ultimas nieves sobre mis hombros yo regreso a ella, mi dolor lo rompe un trinar lejano, el rio ya no canta, no necesito como antaño esconderme para llorar.
¿No hay eco? O es que ya no tengo voz



