Este verano presencié en una zona peatonal como el conductor de un patinete
golpeaba con fuerza a una persona que paseaba tranquilamente
Tengo que reconocer que los patinetes eléctricos no me gustan. Los considero un
peligro permanente para los peatones. Circulan por donde quieren y del modo que les da
la gana sin pensar en las consecuencias que puedan ocasionar a los sufridos viandantes
con sus malos modos circulatorios. La DGT los define como: “Vehículo de movilidad
personal (VMP) de una sola plaza, impulsado por un motor eléctrico y diseñado para
trayectos urbanos cortos que puede alcanzar una velocidad máxima por diseño de entre
6 y 25 km/h”
Desde hace unos días veo con satisfacción que se están llevando a cabo controles
preventivos -que pueden terminar en sancionadores- con la finalidad de revisar si los
propietarios de estos vehículo cumplen con las nuevas normativas de la DGT en las que
se exige seguro obligatorio de responsabilidad civil, casco homologado, edad mínima de
15 años, registro en la DGT, una velocidad máxima de 25 km/h, luces delantera y
trasera, de freno y catadióptricos, timbre o avisador acústico. Está totalmente prohibido
circular por aceras, zonas peatonales, autopistas o autovías
Recuerdo que este verano con los calores en su máxima potencia presencié en una zona
peatonal como el conductor de un patinete eléctrico golpeaba con fuerza a una persona
que paseaba tranquilamente produciéndole diversas heridas por lo que tuvo que ser
atendido en el mismo lugar de los hechos. Un altercado que pudo ser más grave si
tenemos en cuenta la violencia del impacto debido a la velocidad que llevaba el
conductor del patinete.
El joven que fue recriminado por diversas personas debido a su actitud, aun quería tener
la razón señalando que el peatón no se había apartado cuando él llegó conduciendo su
vehículo de dos ruedas. Insistió, de manera más que descarada, que tenía el mismo
derecho para conducir su patinete en la vía peatonal que las personas y que podía
hacerlo a una velocidad de 25 kilómetros a la hora (sic).
Poco tiempo después del incidente se presentaron agentes de la policía municipal a los
que alguien, que observó todo lo que estaba pasando llamó para denunciar el hecho que
en cualquier momento puede tener consecuencias más graves y desgraciadas como ya
ocurrió en otros lugares, donde un peatón resultó muerto por el atropello con un patinete
eléctrico
Al presenciar el accidente me di cuenta, una vez más, de que los conductores de estos
artefactos incumplen todas las medidas circulatorias: van a una velocidad excesiva, no
llevan casco, sortean a los peatones como si se tratase de un juego, muchos de ellos van
acompañados de otra persona y con auriculares para el móvil. Una gran mayoría tienen
edades muy jóvenes que no les permitiría sacar ni el carnet de motocicletas, y encima
tienen el consentimiento de sus padres que son los que se los compran. Pululan por
aceras, paseos marítimos, pasos cebra y otras zonas peatonales sin importarles que por
allí circulen tranquilamente personas mayores o niños que tienen todo su derecho a
hacerlo.Y por encima de todo estos vehículos no disponen de cédula de identificación ni
seguro que se haga responsable de los daños que puedan ocasionar. Un gran
despropósito que hace tiempo se viene denunciando sin que las autoridades
correspondientes adopten las medidas oportunas y contundentes teniendo en cuenta que
se trata de un vehículo en toda regla.
Ya di mi opinión sobre este vehículo tan popular en los últimos tiempos a la vez que
muy peligroso y que es mal utilizado como ocurre con demasiada frecuencia. Creo que
el patinete eléctrico llegó para quedarse, pero tanto padres -que se los compran como un
juguete más- como los conductores tienen que ser responsables -los niños, por desgracia
no lo son- de lo que llevan entre las manos. Su mala utilización, como viene ocurriendo
con demasiada frecuencia, es un peligro público que nos solemos encontrar por zonas
concurridas, por las aceras y en los lugares más inverosímiles poniendo muy en peligro
a las personas que por ellas transitan.
Es absurdo que si un niño no puede conducir una moto a un coche, por falta de edad,
pueda hacerlo con un vehículo de estas características con el que puede generar mucho
daño sin que el menor sea consciente de ello. Para el adolescente es un juguete más,
regalado por sus padres, con el que puede divertirse. Los padres son los grandes
culpables de comprarles un vehículo que pude ser mortal. Hay que recordarles que sus
hijos para poderlos manejar tienen que haber cumplido15 años. Vemos a muchos niños
a toda velocidad por calles peatonales conduciendo estos vehículos de movilidad
personal sorteando con riesgo a los peatones. La responsabilidad última es de sus
progenitores.
Javier García Sánchez



