La última decisión política con marchamo
autonómico, firmada por Juanma Moreno, ha puesto
de relieve que el mapa político se va completando
cada vez más con las coaliciones de gobierno, sin las
que sería prácticamente imposible poder llevar a
cabo la gobernabilidad ante la falta de votos que
respalde una proclamación del candidato.
Guste o no -ya que no estamos acostumbrados-
pactar una coalición gubernamental requiere conocer
y valorar los elementos que condicionan el escenario
negociador. Los manuales del funcionamiento
político señalan que es necesario complementar los
propósitos de los partidos y aplicar criterios en la
distribución de las parcelas de poder. Eso, como
digo, se plantea en las formas de actuación que no se
suelen emplear. Los movimientos van mucho más
por las acciones y peso específico dentro del
gobierno y las parcelas que los integrantes de la
coalición suelen disputarse y, llegado el momento,
repartirse para nivelar sus acciones que sean reflejo
de los votos conseguidos en las urnas.
En los últimos tiempos las premisas fundamentales
que los politólogos señalan no se están cumpliendo
en las cuatro experiencias registradas en
comunidades autónomas gobernadas por el PP:
Andalucía, Extremadura, Castilla León y Aragón,
que han precisado de mayor o menor intensidad de
pactos para poder gobernar. En todos los casos
formando una coalición que se sienta en la misma
mesa del ejecutivo, que toma las decisiones de forma
colegiada y que tiene acceso, en sus parcelas de
poder, al presupuesto general que fundamenta la
acción de gobierno.
Esos politólogos, que inundan los mercados con
publicaciones explicativas que solo ellos entienden,
y a las que se les suele hacer poco caso ,señalan que
gobernar en coalición “suele fortalecer los valores
democráticos del diálogo, la confianza, el acuerdo,
la tolerancia, la solidaridad y el civismo”, repito
literalmente aunque por mi parte pongo totalmente
en duda ( sic).
Recuerdo lo que decía un político gallego, ya
fallecido y que estuvo bastantes años en Gobiernos
de la Xunta de Galicia, que en política lo más
importante se alcanzaba- él decía que se llegaba a la
cumbre- cuando el mandatario tenía la facultad de
poder firmar en el Diario Oficial o el BOE, los
órganos donde se hacen públicas las decisiones,
acuerdos, adjudicaciones y demás componendas que
integran la acción de gobierno. Y eso es lo que se
está generando en los últimos tiempos cuando se
producen las coaliciones, directas -como es en esas
cuatro comunidades autónomas-o indirectas como
sucedió con los que de manera implícita apoyaron la
moción de censura contra Mariano Rajoy y siguen
apuntalando el Gobierno de Pedro Sánchez desde
hace algo más de ocho años. Los directos firman sus
decisiones en los distintos órganos de expresión y de
difusión oficial, y los otros, los indirectos,
consiguen que sus peticiones, a cambio de votos,
aparezcan en el BOE.
Vivimos un momento político de mucho cambio en
el que las coaliciones inundan el panorama de la
gobernabilidad y han llegado y están entre nosotros
para quedarse. El bipartidismo que duró tantos años
está totalmente muerto y enterrado. Nos tenemos
que acostumbrar. Los acuerdos entre partidos de
distinta ideología seguirán aflorando en la vida
política diaria. Los votos son los que mandan.
Javier García Sánchez.



