Hace casi 26 años que Mensajeros de la Paz, la ONG fundada por el Padre Ángel, puso
en marcha su Teléfono Dorado para acompañar a las personas mayores en situación de
soledad y desde entonces ha recibido millones de llamadas. “Intentamos estar ahí para
que encuentren una voz y una mano amiga que no encuentran en las farmacias, sino en
quienes de alguna forma les acompañan”, dicen quienes trabajan en este servicio de
escucha.
Mensajeros nació pensando en los mayores que viven solos por circunstancias
sobrevenidas: la muerte de la pareja, el distanciamiento con los hijos, el desarraigo de
las ciudades o la pérdida de vecindario en las aldeas. La realidad es que millones de
personas mayores confiesan con amarga ironía “no me falta de nada, pero me falta de
todo”.
Hasta hace poco se asumía que la soledad no deseada era un fenómeno casi exclusivo de
la vejez. Pero el Mapa Nacional de la Soledad no Deseada, realizado recientemente por
Mensajeros de la Paz, revela un cambio inquietante: cada vez más jóvenes menores de
35 años confiesan sentirse solos y buscan hablar con alguien real.
Llaman después de una ruptura sentimental, al mudarse de ciudad sin una red de apoyo
o tras perder vínculos familiares. Lo sorprendente es que este aumento sucede en plena
era de la hiperconexión digital. O quizá no sea tan sorprendente porque vivir
permanentemente conectados puede generar ansiedad, sobrecarga de información y un
vacío que empuja a muchos jóvenes a buscar una conversación auténtica.
Los teléfonos móviles y otros dispositivos acercan el mundo a nuestras manos y
facilitan la vida diaria, pero su uso desmedido puede producir el efecto contrario al que
prometían: aíslan a muchos jóvenes de su entorno inmediato y de su mundo más
cercano. Las escenas de grupos de jóvenes -y no tan jóvenes- reunidos en una cafetería
sin hablarse, cada uno absorto en su pantalla, son ya parte del paisaje cotidiano. Las
redes están llenas de estas imágenes.
Una operadora de telefonía utilizó hace años un eslogan que hoy sigue teniendo sentido:
“lo importante es poder hablar”. Aquello que nació como herramienta para
comunicarnos mejor, poco a poco se fue convirtiendo en un medio que, mal utilizado,
puede alejarnos de las relaciones significativas. Y una consecuencia es esta soledad
radical: jóvenes rodeados de gente y tecnología que, sin embargo, añoran el contacto
con personas reales.
No resulta sencillo revertir esta tendencia. Las tecnologías que deberían ayudarnos a
conectar invaden cada vez más la intimidad y reducen el tiempo y la calidad de las
relaciones cara a cara. “El día que la tecnología sobrepase nuestra humanidad el mundo
tendrá una generación de idiotas”, decía Einstein. Más que volvernos “idiotas”, nos
arriesgamos a empobrecernos emocionalmente si sustituimos el encuentro personal por
interacciones digitales fugaces.
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As Rías Baixas e Santiago de Compostela afrontarán o luns baixo unha situación meteorolóxica de transición, marcada pola influencia combinada de altas e baixas presións e cunha circulación de compoñente oeste que achegará humidade á comunidade. A xornada estará...



