Lo que objetivamente es cierto, desde la llegada de Luis Pérez Barral a la
alcaldía de Ribeira, los responsables de las diferentes Consellerías de la Xunta de
Galicia le cerraron todas las puertas y frenaron cualquier tipo de diálogo,
perjudicando indirectamente a la mayoría de la ciudadanía ribeirense. Incluso,
cuando un DIrector Xeral o Conselleiro acudía a Ribeira, no le informaban a la
alcaldía para que los recibiese o acompañase en sus visitas institucionales. Una
falta de respeto evidente, que evidenciaba lo que sería cuestión de tiempo, la
presentación de una moción de censura para la recuperación de la alcaldía, de una
de las ciudades más “populares” de Galicia.
Algunos de los argumentos esgrimidos, por los cuatro ediles de la formación
política del PBBI firmantes de la reprobación, no son nada creíbles para justificar
un cambio de gobierno tan radical. Las presiones y concesiones de las altas
instancias de la Xunta de Galicia, seguro que fueron los detonantes de lo que
actualmente están a vivir en la casa consistorial ribeirense. El Presidente de la
Xunta sabe que si quiere renovar su cargo tiene que sumar votos, en lugares tan
importantes como en la ciudad centenaria.
Al parecer, al alcalde ribeirense, la noticia le cogió de sorpresa a pesar de que,
desde hacía varios meses, era un secreto a voces. Cuando el poder es el objetivo
fundamental pueden darse situaciones no deseables y eso tiene que hacer
despertar a la futura oposición política para que sea más contundente y clara con
la población. Los ciudadanos tenemos el derecho a conocer todo lo que se cuece
en los despachos oficiales.
JOSÉ MANUEL PENA



