
No es habitual que las madres entierren la vida que durante 9 meses llevaron en su útero.
Una madre que con placer sacio tu hambre y sed con sus pechos, con su presencia, te robaba el miedo.
Su cuerpo te daba calor, latiendo dos corazones al unísono, daba tranquilidad a tus sueños.
De toda la prole, ella muestra un cariño especial al abandonado de la fortuna, al enfermizo, al que no tiene.
Muchos sueños, ilusiones que no llegaron fructificar, la vida te concedió un tiempo de vida, y ahora el cielo reclama el suyo.
¡Si pudiera darte un trocito de mi vida!
Perséfone, no quiere tu vida, quiere vida joven.
Ahora rebobinar la vida, nos quedan los recuerdos, las memorias vividas.
Las memorias vividas, y un eterno dolor, sin sanación.
Sin sanción, porque la ausencia de ese fruto no tiene medicina.



