
Hoy visito al tío José, todos en la vieja aladea son tíos y tías sin ser familia directa, todos tío José, tío Antonio o tía Esmeralda, los desconocidos son todos llamados señor lo que corresponda.
Tío José le recuerdo como un hombre fuerte, podía con una sola mano mover el arado romano, cambiarlo de rego, sin el menor problema.
Buen día, tío José como se encuentra.
Bien, ya ves, pasando el tiempo.
Yo recuerdo señor José cuando antes de la siembra usted pasaba el carriso en la tierra recién labrada, y nos llevaba sobre él, buenas tardes hemos pasado y a José Antonio también.
¿Quién es José Antonio?
Cuantas vacas tenía usted.
¿Yo tenía vacas?
Si, la Jallarda, Xovenca, Pirica, Marela, Parda, y de la sexta no recuerdo.
Tuve un buen perro, llamado león, era muy cariñoso.
Si le recuerdo.
Y luego, tú ¿de quién vienes siendo?
La hija me habla de ciertas lagunas mentales.
Tío José, lo que más tengo gravado en la memoria es el olor a tierra labrada, recién mojada, es un olor especial, y el olor a estiércol que no me desagrada.
Ahora vivo solo, mi hija me dejo, marchó, a veces una joven guapa me visita, y limpia la casa.
Ah, yo me acuerdo de ti, te gustaban mucho las vacas, los animales en general, te gustaba leer, leías tebeos, y ahora donde vives, que haces.
Una vieja y gasta navaja la clásica Ancla de una ramita hizo un pasillo.
Bueno tío José marcho, otro día nos vemos.
Ven cuando quieras, así tengo con quien hablar, vivo solo, ya no tengo vacas, eran lecheras y muy fuertes buenas vacas he tenido.
Miro hacia atrás, y me inundan los recuerdos, una buena infancia.
En la tierra labrada, cogíamos cacaos, en una lata perforada los poníamos al fuego y los comíamos, íbamos a los nidos, hoy el monte esta sordo solo a veces un trinar lejano, un olvido, como la memoria del tío José.
Hombre bondadoso, admirado y fuerte, amigo de los niños, hoy solo queda mi recuerdo, el de él, a veces si, a veces no.
Me pregunto ¿Qué será de mi si un día pierdo los recuerdos?.
Mi homenaje a las gentes del campo



