
“Avanzaremos con determinación… con o sin la ayuda de la legislatura”, dijo Pedro Sánchez, primer ministro de España, en una reunión de su Partido Socialista a principios del mes pasado.”
Lo que se entiende gobernar, si eso es gobernar, pues en realidad quien gobierna es el prófugo de la justicia.
Llama la atención los músculos de la cara del P S, esa irritabilidad, ese cierre de mandíbulas tan intensa que se hace cuasi imposible, una imagen vale más que mil palabras, la foto habla.
Tal es así que he comprobado si tenía o no tenía photoshop.
La amargura, el sufrimiento personal es tal, que se le hace insufrible.
Su primera crisis manifiesta fue cuando el famoso retiro de los 5 días, imitando aquella dimisión de Felipe González, 1982 cuando Guerra se dedicó a darle solución.
La primera vez se repite como tragedia, la segunda como farsa.
Le llueve por los cuatro puntos cardinales, su esposa, ha firmado cartas de recomendación, dirigió master universitario sin estar cualificada y un amen de razones más.
Pero todo el equipo sale en defensa, honestamente más que defender a Sánchez o a Begoña, están defendiendo sus cargos, todos ellos están puestos por el dedo sanchista, la única voz publica discordante es Emiliano García-Page, aunque en lo privado todos reconocen, que así es imposible gobernar.
Son prisioneros de los independentistas, que como una Hirudinea, le bebe la sangre, la sangre y el oxígeno.
El goce del candidato a residir en Soto del Real, no es lo que consigue, sino verle humillado, de eso se trata humillarle, da un mitin en Barcelona, donde debiera ser detenido, pero ni eso, ya todo estaba pactado. Humillación tras humillación
Le pide cita en Bruselas, pues Bruselas, ahora le pide cita en Suiza pues en Suiza, la vergüenza es tal que aun no teniéndola, su yo interior se manifiesta en esa foto que publica The Economist.
Como dice The Economist, “no tiene militantes, tiene un club de fans.”
Y ese es el problema, que media España esta narcotizada,
Ulises se ató al mástil del barco con los oídos descubiertos, sin cera alguna.
Pero Sánchez, ni tiene mástil, ni barco que le espere.



