Puedes esforzarte en transmitir tu conocimiento con las palabras más cercanas, entendibles, puedes acabar sin ser comprendido, es decir incomprendido.
El receptor está recibiendo todo tu mensaje a través de sus vivencias.
No piensa lo mismo un señor de 60 años, padre y abuelo que uno que no tiene familia.
No recibe igual un campesino que en verano piensa si arderá, o no arderá el bosque, que uno que cada día para cien veces ante un semáforo.

Una persona que fue engañada por un vendedor 3 veces desconfiará del profesional que se acerque.
Hay mujeres que en una cita a ciegas, rechazan al candidato por no pagarle la cena, no entienden que no la pagó, porque ella no causo el menor interés en él, en la cena la estuvo soportando.
O personas que te niegan por llevar barba, o la camisa estampada por fuera. Cada quien es cada quien.
Hay personas, –no confundir con persianas– que hablan maravillas de fulanito por decir, blanco, 7 y agua, 24 horas después dice el mencionado, negro, 42 y fuego, y ellos aplauden y le defienden, justificando el cambio inoportuno, pero justificando.
Hay mucho huérfano de personalidad, necesitan muleta para caminar por la vida.
Así pues, no son nuestras palabras, sino como se toman.
Tienes una tubería del diámetro de tu pierna por donde pasa agua, pero a la salida la tubería tiene un diámetro como tu dedo, por mucho que insistas nunca saldrá la cantidad de agua que entra, sino la que permita la salida.
Pues igual pasa con los cerebros, y con las experiencias de la vida.
Cada quien, cada quien.
Estos tipos de personalidad no son eternos, pueden ser cambiantes, se puede evolucionar, la realidad muestra que hay esperanza.
Solo que el martillo siempre golpea la punta que sobresale, por ello algunos prefieren el anonimato y dejar hacer, lo que facilita el dominio del nefasto, entiéndase D Trump, Pedro Sánchez, y Zapatero, pero este último hoy como víctima mendicante.
De ser el chico de las fotocopias o pegar carteles se puede llegar a ser presidente, recordando el enemigo de mi enemigo es mi amigo.
En resumen, para poder comunicar y no llevar sorpresas, mejor antes conocer un poco de la biografía del recepto para que cunda, para que anide el mensaje.
O mejor aun, si no vale la pena, no perdamos tiempo y dejemos ir.



