Cuando las materias que pretende conseguir o las normas que
quiere aprobar no les favorece de forma clara -no sacan nada en
limpio, no hay más poder o más dinero-, los socios de investidura
de Sánchez no lo apoyan; entonces, leña al PP.
En estos casos, los ministros y ministras, el presidente o
vicepresidentas, utilizan el recurso de acusar al Partido Popular de
ser la causa de los problemas que esta falta de apoyo de sus socios
pueda ocasionar. En lugar de comenzar unas negociaciones
discretas -como las que mantienen con Esquerra Republicana o con
el PNV- para lograr el apoyo del partido mayoritario de la Cámara, le
lanzan acusaciones previas de todo tipo de desgracias. En lugar de
solicitar la ayuda del partido más votado, utilizan el palo. En muchas
ocasiones se atreven a ordenarle que rompan sus pactos con Vox,
como ha hecho, sorprendentemente, Pilar Alegría desde el Consejo
de Ministros. Cosa que no ha sido necesaria poque Vox se
adelantó.
Recientemente, una ministra incapaz de plantear unas políticas
migratorias reales se lanza a decir que será culpa del PP sino se
consigue modificar la Ley para obligar a las Comunidades
autónomas a que reciban menores no acompañados para hacerse
cargo de ellos. Esto es así porque sus socios de investidura no
quieren ni oír hablar del tema, no les interesa, no les proporciona
ningún beneficio; por lo tanto, la ministra y ministro, palo al PP. Que
no sean xenófobos, que no se apunten a las políticas de extrema
derecha… etc. Pero nada de eso se lo dice a sus socios, no vaya a
ser que se enfaden. Por muchos desprecios que reciban de ERC o
del Junts o del PNV, nunca se les oirá a los ministros ni al
presidente un reproche, una acusación, una amenaza. La
dependencia de estos grupos es vital para Sánchez, y si ellos fallan
en el apoyo ya se lanzarán el PSOE y el Gobierno contra el PP. Ya
convertirán esto en un problema del Partido Popular, para eso tiene
cientos de asesores en La Moncloa. Trabajarán para retorcer el
relato y asegurar que el sanchismo no tiene ninguna culpa, toda la
responsabilidad es del PP, de Feijóo y no menos de Ayuso.
En realidad, quieren obligar al Partido Popular, mayoritario en la
Cámara, a que ayude a salir de sus atolladeros al partido
minoritario, el PSOE. Pero siempre con insultos, con agresiones,
con acusaciones. Nunca tendiendo puentes, nunca buscando
allanar el camino, ni mucho menos ofreciendo una cesión y no
digamos un agradecimiento. Son actitudes descabelladas para un
Gobierno en minoría y siempre en la cuerda floja. Una cosa es tener
socios de investidura y otra es estar en manos de cómplices de
fechorías para los que si no hay rentabilidad no hay lealtad.



