Y yo me pregunto, a donde irán los besos que no damos.
La fogata estaba viva, el fuego era un arcoíris de colores.
La leña se consumía poco a poco, nadie echo más leña.
Nadie la protegió de la lluvia, ni del tempestuoso viento.
El agua del rio fluía, cada día, cada momento con sus besos, iba robando la orilla, y dejando los árboles desnudos de raíz.
Besos mortales, del agua que fluye, la orillas se come la raíz, y la vida se come el árbol.
La fogata olvidada, estará negra, consumida por el tiempo y el abandono, o mantendrá la esperanza de un rojo vivo.
La fogata consumida, la madera ya negra, mantendrá como el cielo negro alguna estrellita de vida.
Solo avivando la fogata podremos saberlo.
Los besos tienen fecha de caducidad.
Y a donde irán los besos que no dimos.
Michel Recanati, su amada fallece de cáncer en febrero de 1978, él se suicida el 23 de marzo mismo año.
Foto- el beso , Battery Park NY foto del autor



