“Palabras, palabras, palabras”, decía Hamlet. “Gestos, gestos, gestos”, dicen
ahora analistas y politólogos. La política es palabra, es negociación, es
discurso, es arte, y en este arte son fundamentales los gestos. Estos albergan
una intención política, crean un relato de gobierno y reflejan los valores,
creencias y prioridades de los partidos.
Desde esta perspectiva podemos analizar la fuerza simbólica de la foto de la
toma de posesión del Presidente Rueda, que acompañado de tres
expresidentes, realizó una ofrenda floral a Castelao en el Panteón de Galegos
Ilustres. Con este gesto se ha querido dejar claro, que el BNG no tiene el
patrimonio exclusivo sobre los símbolos identitarios del galleguismo, y que el
Partido Popular asumirá sin complejos, la doble tarea de enfrentar al
nacionalismo y, a su vez, marcar diferencias con él.
Con relación al nuevo gobierno, parece que se ha buscado con acierto, perfiles
que mezclan experiencia profesional y política, muchas dosis de ilusión y el
porcentaje apropiado entre renovación y continuidad. Sobre los retos que
enfrenta creo que existe bastante consenso en señalar como esencial, la lucha
contra el envejecimiento y la despoblación, revisar la financiación del Estado,
potenciar la industrialización, y desde luego, no descuidar la mejora de
infraestructuras de comunicación.
Galicia es una de las regiones más envejecidas de España. Su sector primario
y el rural se enfrentan al abandono y pérdida de población, en buena medida
por la ausencia de servicios y la falta de relevo generacional, lo que dificulta
fijar población especialmente en el interior. Por ello, son precisas políticas
públicas que incentiven la natalidad, pero sobre todo el emprendimiento, que es
una manera viable de retener el talento joven y evitar que abandone el país. De
nada serviría que aumentase la población si esta no puede desarrollarse
profesionalmente aquí.
Esta legislatura vendrá marcada por la entrada en vigor de las nuevas reglas
fiscales y tal vez de un nuevo sistema de financiación autonómico. Este debería
dar respuesta al coste que tiene mantener unos servicios públicos de calidad
en un territorio como el gallego, en el que el coste por habitante es mucho
mayor por la dispersión.
La defensa de la industria ha de ser también uno de los mantras de la
legislatura. La falta de apoyo a Galicia del Gobierno del Estado en el reparto de
los fondos europeos, pone en peligro inversiones de más de 2.000 millones de
euros, de empresas como la papelera Altri, Stellantis Vigo, el grupo chino
Sentury Tyre, o la naviera danesa Maersk. Hay que poner una alfombra roja a
la inversión y a la generación de actividad económica, donde la apuesta por las
nuevas tecnologías, incluyendo la inteligencia artificial, debe ser una prioridad.
En breve llegarán los trenes Avril, y con ellos la alta velocidad a las ciudades
de la dorsal atlántica gallega. La mejora de los servicios ferroviarios debería
suponer también el impulso definitivo al corredor atlántico de mercancías.
Por último, educación, empleo, sanidad y vivienda, serán igualmente
protagonistas privilegiados de las políticas públicas gallegas de los próximos
años.
Muchos son los deberes que tiene el nuevo gobierno, y por tanto, lo que toca
es desearle mucha suerte, porque sus éxitos y fracasos serán los de todos.



