
Sostiene de viejo este cronista que buena parte de los males que vivimos hoy tanto en el terreno de lo político (polarización, la elegida como palabra del año), como en lo social (la hegemonía de la basura en las redes sociales) y aún en lo cultural (una sociedad huérfana de toda capacidad crítica) tienen su origen en un más que deficiente sistema educativo desde que ¡Ay! El Cojo Manteca se adueñara de las plazas y farolas como mitificado héroe del movimiento estudiantil, tan despreciado por los poderes públicos que en el plazo de cuarenta años de democracia ha padecido hasta ocho leyes distintas de educación (LOECE, LODE, LOGSE, LOPEG, LOE, LOCE, LOMCE y LOMLOE). Largo rosario de siglas concatenadas que, lejos de enmendarse en el plano positivo, no fueron sino, como en el tango, un continuado ir cuesta abajo en la rodada.
Quienes acumulamos en la mochila suficientes años como para tener conocimiento de la evolución de la educación a lo largo de más de medio siglo de vida podemos constatar con la fidelidad de los hechos comprobables y comprobados el deterioro de nuestras aulas. Lo afirman también significados catedráticos de universidad que ven los males de las leyes que la regulan y de la propia educación en haberse convertido en terreno de la competición partidista, por el cortoplacismo de una política sometida a los ritmos electorales y, por fin, a la crisis de la política, de la palabra y el diálogo.
Como el más preclaro ejemplo del grado de deterioro que la sociedad española actual evidencia respecto del conocimiento intelectual y de la capacidad analítica están los primeros pasos dados por el nuevo programa de TVE que pretende elegir al “mejor español de la Historia”. Para hacerlo, parte de un panel de medio centenar de personas como resultado de una encuesta estatal realizada por Sigma Dos y que da el abracadabrante resultado de mezclar a Hernán Cortés con Mercedes Milá, situar en el mismo plano de relevancia a Cristóbal Colón con Julia Otero, la posibilidad de elegir entre Goya y Emilio Aragón, Pablo Picasso o Fernando Alonso, Jesús Hermida junto a Isabel la Católica, Ángel Nieto y Severo Ochoa, Matías Prats y Antoni Gaudí, Santiago Ramón y Cajal junto a Iñaki Gabilondo o, por no seguir en el despropósito, Cervantes al lado de Jesús Quintero. Es decir, churras con merinas.
No sorprende, a estas alturas, que el resultado de la citada encuesta entre la población española arroje esta significativa muestra de indigencia cultural capaz de equiparar personajes de un evidente peso específico en la historia de España, y aún del mundo, con otros cuya mejor virtud es representar la más constatable frivolidad o insustancionalidad.
Lo que sí sorprende es que un ente público y sostenido por los dineros de todos, TVE, se preste a vanagloriarse de tamaño grado de ignorancia colectiva a través de un programa que más encajaría en la televisión-basura de algunos canales privados –incluidos los que hacen política basura- que en un organismo que tiene como misión la de informar y formar la capacidad y el juicio crítico de los españoles. ¿Hay alguien capaz de concebir tamaño despropósito en la BBC británica?. Pero tampoco aquí cabe hacerse los sorprendidos si se añade que esta “ocurrencia televisiva” procede de una coproductora vinculada a los amigos del actual presidente del Gobierno, el de la tesis copiada, en quien toda presunción de capacidad intelectual es pura quimera.
El poeta y ensayista mexicano Octavio Paz, de ascendencia compostelana que aún está por investigar, premios Nobel y Cervantes, señalaba en 1991 que “el uso perverso de la televisión es un síntoma más de ese acelerado movimiento de nuestras sociedades hacia una barbarie sin paralelo en la historia”. Un parecer que coincide con el de Umberto Eco, el gran estudioso de los medios de comunicación de masas, cuando diagnosticaba que la televisión de ahora mismo –la que llamaba neotv frente a la paleotv- «ha promovido al tonto del pueblo al nivel de estrella para que el espectador se sienta reconfortado al creerse superior”. Y el programa de TVE así lo constata. Después hablaría Eco de las “máquinas del fango” que suponen las redes sociales, pero ese es otro capítulo aparte aunque hijo de las mismas miserias sociales.
Hace menos de un mes –el 14 de diciembre- la Real Academia Española publicaba un dramático informe –este sí, más que el de Alonso Montero- sobre “La enseñanza de la lengua y la literatura en España”. En sus más de medio centenar de páginas hace cierto el diagnóstico de que cuando la escuela no responde adecuadamente los individuos pierden la capacidad de discernimiento y sus capacidades se vuelven elementales generando, como asegura algún pensador, la sujeción política y la miseria generalizada, generando ciudadanos ciegos y dependientes porque, asegura la RAE en su informe, “la educación constituye el proceso de mayor trascendencia personal y social en la vida de las personas, en el desarrollo de las comunidades y hasta en la mejora de la calidad de nuestra democracia”.



