Había expectación tanto en los ámbitos políticos como en el conjunto de la ciudadanía española por conocer la opinión de la Casa Real en el protocolario acto de inauguración oficial de la XV Legislatura de las Cortes Generales, ocurrida ayer en Madrid.
Un interés que venía acrecentado por la grave deriva de los acontecimientos que el Gobierno ha ido protagonizando en los primeros días de su mandato y, sobre todo, por los que anuncia que se producirán a lo largo de toda la legislatura. El debate de investidura de Pedro Sánchez y su propósito de “erigirse como muro” para separar las dos Españas despeja toda duda de lo que será la acción del Ejecutivo, gobernar sólo para la mitad de españoles.
Por eso el discurso del Rey Felipe VI adquiría un sobredimensionado interés que, como sueleocurrir con sus intervenciones públicas, acabó por no defraudar; antes bien, por ser un obligado referente, un imprescindible pie de apoyo frente a las veleidades independentistas y de anulación de la división de poderes que se anuncia. Efectivamente, quieren matar a Montesquieu y el discurso del Rey se rebela contra ello. Frente a sus palabras, y como una muestra más de la polarización que el Gobierno quiere de la sociedad, la propia presidenta del Congreso se ha sumado a esa intención con un discurso que, si muy pobre en su contenido histórico-político, es, además, profundamente sectario, incluida la indudable vocación de abandonar cualquier aspiración de neutralidad, virtud requerida al cargo constitucional que ostenta.
Pero a los efectos de estas líneas y desde la preocupación juvenil que alienta a quien esto firma, hay que destacar que todo el discurso del Rey se estructuró respecto a dos ejes principales: La puesta en valor de la Constitución, reivindicando el acuerdo que la hizo posible hace ahora 45 años, y la necesidad de que aquella voluntad de unión y fraternidad entre los españoles sea el legado que las actuales Cortes tienen la obligación de legar a las nuevas generaciones. «La obligación de todas las instituciones es legar a los españoles más jóvenes una España sólida y unida, sin divisiones ni enfrentamientos». Un discurso que, teniendo muy presente la significación de la reciente jura y acatamiento de la Constitución por la Princesa de Asturias, como representante de esa juventud, «cada generación es depositaria de los logros de las generaciones anteriores y tiene la obligación cívica de perfeccionar y acrecentar esos logros; tiene el deber moral de proteger y conservar lo alcanzado y la responsabilidad de entregarlo a las generaciones que la sucedan».
La presidenta Armengol se refirió, en su partidario discurso, una sola vez a la juventud y ubicada en el lugar común que alberga las alusiones genéricas, destinadas a adornar los discursos insustanciales. Las palabras del Rey, por el contrario, invitan a la juventud a llevar su compromiso más allá de la acción de votar, al constituirse en destinatarios de aquel «gran pacto» de la Transición que «no es, en absoluto, mirar atrás con nostalgia» sino una orgullosa y consciente reafirmación de nuestras mejores capacidades como país y del mejor logro que ordena en nuestros días la vida de la sociedad española: la Constitución. En suma, y son palabras de Felipe VI, los jóvenes – la generación de la Princesa Leonor- «Necesitan recibir una España cohesionada y unida en la que puedan desenvolver sus vidas y proyectar sus ilusiones».
Es gratificante para todos que la primera institución del Estado, la Corona, comprometa a todos los demás poderes del Estado en la conveniencia y necesidad de trasmitir el legado recibido desde los valores de la solidaridad, el compromiso, la apuesta por el futuro en el respeto por las generaciones que habrán de tomar el relevo en esta sociedad tan polarizada.
En idéntica contrapartida, esa misma reivindicación nos vincula a todos los jóvenes, nos compromete como receptores de ese legado de democracia que supuso la Transición y, en lógica correspondencia, honrarlo de la mejor de las maneras posibles, llevando sus valores a nuestra propia acción. En lo personal y en lo social.



