“La campaña de la Xunta”. José Castro López

La Xunta lanzó una campaña en los meses de octubre y noviembre para sensibilizar a las mujeres y a la sociedad en general con recomendaciones para prevenir y evitar la violencia sexual, siguiendo la línea de las recomendaciones que figuran en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género firmado en 2017 y renovado en 2021.
Las imágenes y los textos transmitían la “idea-fuerza” de que las mujeres tienen todo la libertad para vestir e ir a donde quieran y el derecho a vivir sin miedo, pero han de tomar precauciones y estar prevenidas porque violador, agresor y acosador siempre acechan. “No debería pasar, pero pasa”, decía el lema de la campaña que también iba dirigida a los hombres con el mensaje de que acosar en la calle, intimidar por la noche, controlar el teléfono o hacer comentarios sexistas en cualquier lugar también es violencia de género.
Los mensajes no difieren de los consejos de autoprotección que las autoridades daban a las potenciales víctimas del terrorismo -“cambie de itinerarios, mire al entorno y debajo del coche”-, o de los que las madres dan a sus hijas que, cuando salen a divertirse, les recuerdan y aconsejan que no pasen por calles peligrosas, que vigilen los vasos de sus consumiciones, que tomen precauciones con los desconocidos…
La campaña fue insertada en todos los medios de comunicación durante más de un mes y no tuvo crítica negativa alguna de políticos, sindicalistas, colectivos feministas, instituciones o intelectuales. Nadie le puso tacha.
Hasta que llegó la ministra de Igualdad que, desquiciada por los resultados de la Ley popularmente conocida como “solo sí es sí”, para desviar la atención de su incompetencia arremete contra el Partido Popular al que acusa de criminalizar a las víctimas y “promover la cultura de la violación” con esta campaña.
No tengo mis querencias y complacencias en este partido, ni en otros, por eso puedo decir que la acusación es obscena y deleznable, por emplear palabras suaves, traspasa todas las líneas del parlamentarismo civilizado y debe ser una estrategia de la ministra para ocultar los errores de su gestión. Ella y sus conmilitones nunca reconocerán que el PP no es sospechoso de inhibirse en la lucha contra la violencia machista, como demostró cuando, estando en el poder, promovió el Pacto de Estado citado. Ahora resulta que avisar de los peligros es criminalizar a las víctimas.
Los filósofos griegos decían que una persona padece “hybris” -carencia de mesura- cuando pierde el control sobre los propios impulsos y se deja dominar por las pasiones. ¿Le ocurre esto a la ministra de Igualdad? Los mismos griegos añadían que “a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco”.