“Notas sueltas al Presupuesto”. José Castro López

Los análisis favorables y críticos publicados sobre los Presupuestos permiten formar un juicio de valor, incluso a los que solo tienen el conocimiento económico elemental que da administrar la hacienda familiar.
Lo elemental que sabemos todos es que un presupuesto es una previsión de ingresos y de gastos que se deben equilibrar, y ahí aparece el primer “reparo” al Presupuesto que conocemos. La previsión de crecimiento del Gobierno para 2023 es insostenible según el Banco de España, la AIREF, la OCDE, el BBVA Resarch y el Fondo Monetario Internacional. Todos rebajan sensiblemente las cifras gubernamentales.
Pese a estos avisos de ingresos a la baja, el mismo Gobierno aprobó el mayor volumen de gasto que se llevan cuatro grandes partidas. Las pensiones indexadas al IPC, que pueden hacer insostenible el propio sistema. Los intereses de la deuda quedan al albur de los mercados después de la retirada del BCE y en esta coyuntura de inestabilidad es previsible que suban y desequilibren las cuentas públicas.
El tercer capítulo es el coste del paro. Crecimiento a la baja, caída de la demanda y el aumento de las bases altas de cotización -un golpe bajo al empresariado- y otros factores, auguran un aumento del paro que costará más. Espectacular es el gasto social en ayudas, rescates, subvenciones y subsidios varios, un macro reparto de dinero que en muchos casos beneficia por igual a ricos y pobres.
¿Tanta esplendidez es debida a la cercanía de las elecciones? Eso parece, importa subvencionar y las migajas quedan para estimular la economía, apoyar a la empresa, fomentar la inversión y rebajar la deuda y el déficit que aumentarán al bajar el capítulo de los ingresos. Pero el reparto de cheques y subvenciones deben tener límites y no olvidar la disciplina fiscal, que volverá. “Los gobiernos, dice el FMI, han de actuar de forma responsable sin medidas de gasto indiscriminadas y permanentes”.
Para muchos analistas ese reparto tampoco es solidario. Agravia a la clase media y trabajadora que sostiene el tinglado y solo se ve favorecida por ayudas y subvenciones lineales. Y agravia a los jóvenes, que soportan la carga de la crisis y contribuyen a pagar pensiones muy superiores a los sueldos que cobran. Las inversiones destinadas a ellos suman 12.700 millones, el 3% del total, 15 veces menos que el gasto en pensiones.
Si España fuese un país rico, serían unos buenos presupuestos. Pero siendo los más retrasados en la recuperación y los líderes en deuda, déficit y paro, las cuentas 2023 están fuera de la realidad económica que las ministras de Economía y Hacienda ignoran.
Viven más para recaudar y repartir que para administrar con rigor lo recaudado pensando en el futuro.