“Muertes que no conmueven” . José Antonio Constenla


Hace unos días el eurodiputado francés Jean-Paul Garraud, del grupo Identidad y Democracia, propuso al Parlamento Europeo debatir sobre la cristianofobia y el brutal asesinato de Deborah Samuel. Esta alumna cristiana de económicas de Nigeria, fue linchada por una turba de universitarios musulmanes que la lapidó hasta el borde de la muerte y quemó cubierta de neumáticos. La justificación de este crimen atroz fue blasfemar contra el profeta por afirmar que había aprobado sus exámenes gracias a Jesús.
A pesar de estos hechos, la Comisión Europea no quiso designar un
coordinador de lucha contra la cristianofobia, lo que sí hizo para el antisemitismo y la islamofobia y la petición de Garraud fue rechazada por 244 votos en contra, 231 a favor y 19 abstenciones. De los eurodiputados españoles, votaron a favor los de PP y Vox, mientras que los de PSOE, Podemos, ERC, Anticapitalistas, Catalunya en Comú y Ciudadanos (con la excepción de Jordi Cañas) votaron en contra.
Según la ONG Puertas Abiertas, 360 millones de cristianos en el mundo (1 de cada 7) sufren persecución a causa de su religión. En 2021, 5.898 asesinados, 6.175 detenidos y 5.110 Iglesias atacadas. Esta violencia se produce a escala mundial, especialmente en países como Corea del Norte, Afganistán, Somalia, Libia, Pakistán, Eritrea, Sudán, Yemen, Irán o la India. En clave de cercanía, según la lista de países más “perseguidores”, los datos comienzan a ser preocupantes en Marruecos que ha subido del puesto 35 en 2019 al 26 en 2020, Argelia del 22 al 17, y Túnez del 37 al 34, y todo ello a pesar de que son considerados países donde se práctica un islam moderado.
Asimismo, el Observatorio de la Intolerancia y la Discriminación contra los Cristianos en Europa, denuncia que actualmente “vivir la propia fe cristiana con convicción puede suponer un grave recorte de la libertad personal en ámbitos importantes de la vida, como el trabajo o la educación”. Además, el aumento de
la intolerancia contra los cristianos en el continente, los deja cada vez más expuestos a la discriminación y a la restricción gradual de su libertad de opinión, religión o conciencia.
Los datos evidencian una mayor necesidad de proteger a los cristianos sobre todo en países musulmanes que al no distinguir entre religión y política, los sitúa en la precaria posición de no ser considerados ciudadanos. Por el contrario, el islam no se ve amenazado en países donde se practica o se ha practicado el cristianismo.
La próxima vez que la coral progre pretenda aleccionarnos sobre la tolerancia, la diversidad, la libertad, los derechos humanos y la violencia machista, habrá que recordar lo sucedido en el Parlamento Europeo y lo poco que importa a algunas de sus señorías las vidas de cristianos como Deborah Samuel. A propósito, ¿por qué no hemos escuchado a ninguna “feminista” denunciar este asesinato?