“La economía empeora”. José Castro

El viejo dicho “el que avisa no es traidor” advierte a quien no respeta las normas y viene como anillo al dedo después de leer los últimos informes y alertas de organismos que pintan un panorama preocupante para la economía española.
Primero fue la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) que
descalificó el programa de estabilidad que el Gobierno remitió a Bruselas a finales de abril porque “presenta graves deficiencias y vaguedades… Debería ser más explícito en medidas para contener la deuda”.
Después llegó el varapalo de Bruselas que rebaja las previsiones de crecimiento al 4% para 2022 y coloca la inflación en el 6,3%. Por su parte, Funcas sitúa al PIB en el 4,3% y eleva la inflación al 6,9 %.
La guinda la puso el Banco de España, que debe ser la única institución pública que aún no está colonizada por el Gobierno. Constata que somos la economía del euro que peor ha hecho los deberes y retrasa hasta 2023 la recuperación a niveles pre pandemia; cuestiona la indexación de las pensiones al IPC; alerta sobre la deuda pública, que previsiblemente seguirá subiendo; anticipa nueva revisión a la baja del crecimiento para este ejercicio; y urge iniciar la senda del ajuste fiscal y acometer reformas estructurales que garanticen los ingresos y el control del gasto.
El informe del que fue banco emisor es un análisis riguroso del estado de la economía española, con advertencias serias y directrices claras que el Gobierno debería incorporar a su modelo de gestión. Pero la reacción gubernamental encabezada por el ministro Escrivá es “matar al mensajero” descalificando el informe “por falta de sofisticación”, a saber qué significa eso.
Descendiendo a la economía doméstica, la inflación llegó al 8,3% en abril y se manifiesta en los precios de la cesta de la compra, que hacen muy largos los meses; en la bombona de butano, un 40% más cara; en la subida continuada de los combustibles que casi ha descontado la subvención de los 20 céntimos… Son los problemas que generan penurias e incertidumbre en el pueblo.
Por contra, los dirigentes políticos pasan de las angustias de la gente. Están entretenidos con la venida del Rey emérito, que está en su derecho; con la baja laboral por la regla dolorosa; con los audios de Villarejo al PP de hace diez años; en apaciguar al independentismo ofendido por el espionaje; que Vox esté en el gobierno de Castilla y León; y en otros debates para desviar la atención.
Es lo que hay. Pero no se preocupen, “este es un Gobierno que proporciona estabilidad a los españoles”, dice Nadia Calviño que, segura de sus errores, pasa de los informes citados. Como siga sin hacerles caso acabará hundiendo más aún la economía del país.