“Afganistán, entrega veinticinco, o lo que es lo mismo, penúltima”. Jacobo Otero Moraña

Hasta la fecha he abordado el asunto desde todos los flancos posibles. Pero el análisis no estaría completo si nos olvidamos de aquellos agentes que permanecen en la sombra. Dos son muy evidentes :Qatar y Turquía. El otro, muy importante, aunque como viene siendo costumbre en su proceder, nadie, ni siquiera sus más allegados, saben jamás lo que se cuece en la mente del zar Vladimiro.

Pero vayamos por partes. Qatar es uno de esos países tan cerrados como enigmáticos. Su riqueza proviene de los hidrocarburos, y al ser su subsuelo una bolsa de petróleo y gas, las inversiones están aseguradas. Durante años, a pesar de la diferencia de tamaño, se atrevió a oponerse a sus primos saudíes. Incluso hoy, que las relaciones han mejorado, sigue mirando con un ojo a Irán. Doha se ha convertido en sinónimo de rebeldía, y eso con independencia de que siga fluyendo el dinero. Pero a las cumbres antisistema(lo que antes eran los “no alineados”), se suma la concesión de asilo a personajes que difícilmente encajan en esa opulencia desbordante. Y es que en sus tierras permaneció el “gobierno Talibán” en el exilio, de la misma manera que allí sigue la cúpula de una organización criminal como Hamas. Curioso, verdad? Pues nadie parece pensar en esa aparente contradicción cuando ve estampada en la camiseta del equipo de sus amores el QATAR FOUNDATION, aplaude a rabiar cuando el jeque Al Tanni se lleva a otra megaestrella al PSG sin importar el número de ceros que añade al contrato, o cuando vemos a las figuras del motociclismo correr en su circuito perfectamente iluminado. Tampoco veo a muchos de quienes se rasgan las vestiduras con supuestas(o no tan supuestas) injusticias, exigir el boicot a la cita de la fase final del mundial de fútbol que se celebrará allí en 2022. Se han preguntado por la cantidad de inmigrantes, principalmente bangladeshis, fallecidos en accidente o de pura extenuación durante las obras de los estadios? No. Eso no interesa. Saben que Qatar se ha implicado de forma profunda en la guerra civil libia, proporcionando armas, vehículos y drones a uno de los bandos contendientes? Tampoco. Alguno de ustedes recuerda como contingentes del Daesh que cruzaban por territorio jordano, recibieron vehículos 4×4 vía Qatar? Y otro detalle más. Como es posible que esos millones “donados” al gobierno de Hamas en Gaza, y que sirven para evitar un conflicto permanente en la franja, sean gestionados a través de los qataries? Luego, cuando escuchamos a figuras como Xavi Hernández decir que aquello no es una democracia pero se vive bien, uno piensa:pues si le preguntan a Pedro Botero, también te dice que el Infierno es maravilloso. Todo depende de las tragaderas de cada uno.

Ahora resulta que los barbudos dicen que confían plenamente en los asesores enviados por Al Tanni para estabilizar el territorio y poner en marcha su gobierno. Fabuloso, vamos.

Pero no lo es menos el otro socio al que se han aproximado los “estudiantes”. Y me refiero a Erdoğan. Y es que si por algo se ha destacado el presidente turco desde que accedió al poder, es por cargarse el legado de Mustafa Kemmal a la vez que poco a poco, la islamización del país crece sin freno. Antes te decían que bastaba ver el contraste entre la parte de Estambul situada en la orilla occidental del puente, o lo que pasaba una vez cruzabas al otro lado. No es que cambiases de continente. Es que también lo hacías de época. 2021-1443 en un abrir y cerrar de ojos. Algo, que aún es más grave que cuando hablábamos de Qatar. Allí el emir pudo estudiar en Sandhurst y vestir a la occidental, pero si mañana decide cortar todo lazo con nosotros, se acabó.

En el caso de Turquía hablamos de un país que no sólo tiene frontera común con la UE, sino que es miembro de la OTAN. Que controla toda la costa sur del Mar Negro, además de los estrechos del Bosforo y los Dardanelos. Que alberga armamento no convencional en la base de Incirlik, y que en función de acuerdos poco claros, mantiene una base avanzada y permanente en territorio somalí. Pero no sólo eso. También es parte implicada en el conflicto libio, habiendo provocado una crisis internacional al ampliar su Zona Económica Exclusiva de forma unilateral, cosa que dio pie a protestas y movilización de unidades navales de países afectados, como Grecia, Chipre, Francia e Israel. Por si esto no fuera suficiente, y que en alguna de esas series que venden a Netflix se presentan como bastión de primera línea contra el Daesh, resulta que hay bastantes indicios de colaboración entre sus militares y los terroristas.

Pues a Turquía también ha recurrido el Talibán para gestionar el aeropuerto de Kabul. Ustedes entienden algo? Porque quien les habla, y por más que se retuerza la neurona, es incapaz de encontrar una explicación mínimamente lógica.

Y llegamos al último de los actores, que no por ello es menos importante. La Rusia del zar Vladimiro lleva en silencio desde que empezó toda esta crisis. Un silencio tan sospechoso como interesado. Y es que como decía al principio, con Putin uno nunca sabe si va o viene. Sigue siendo un producto del KGB. Reciclado en político de primer orden, pero sin renunciar a su esencia. Pasó antes con Andropov y ahora le toca a él. Rusia aprendió a explotar de forma magistral uno de los más perversos inventos occidentales. Las empresas de mercenarios, hoy rebautizados como ejércitos privados o contratistas(que suena más fino), están desplegadas por cualquier zona de conflicto. Si Blackwarer se hizo famosa en el Irak posterior a la caída de Sadam, hoy el Grupo Wagner hace lo propio desde África a Siria. De la frontera colombovenezolana al Donest. Y siempre lo mismo. Uniformados sin distintivo ni bandera y armas sin marcar. Las mismas que han aparecido en Ucrania y entre los Muyahidim afganos. Casualidad? Ustedes pueden opinar lo que gusten. Yo ahí lo dejo.

Lo que sí sé, es lo que me comentó un experto en seguridad que fue testigo de las reuniones entre la OTAN y Rusia poco después de los fatídicos atentados del 11S. Entonces las relaciones eran mucho más amables ya que seguía prevaleciendo la sintonía cultivada por Clinton y Yeltsin. Un oficial ruso, bregado en las guerras caucásicas, le dijo a su homólogo americano cuando le informó sobre la inminente invasión de Afganistán :No se metan ahí.-Será un paseo. Los barreremos- contestó el otro.-El problema no es entrar, sino salir.

Pues veinte años después, se ve que el ruso (guste o no), llevaba razón.