“Afganistán, primeira entrega”. Jacobo Otero Moraña

Hoy no hay chiste. Como comprenderán, el regreso del Talibán y la marcha a cajas destempladas del Ejército de EEUU y la OTAN, deja pie a pocas bromas.
Creo que todo allí se ha hecho mal. Y no de ahora, ni en los últimos veinte años. Hay que remontarse mucho más atrás. Un país que no tenía por qué vivir en el más absoluto de los atrasos, pero al que las circunstancias llevaron a una involución permanente desde que la Constitución de 1964 se convirtió en papel mojado. Sólo el vecino Irán sufrió un proceso semejante tras el triunfo de los ayatolas.
La invasión soviética no ayudó lo más mínimo, pero el apoyo norteamericano a los muyahidin(entonces nadie hablaba de “talibanes”) tampoco. El enemigo de tu rival no necesariamente es tu amigo. Y para muestra, un botón.
Esa Red de combatientes que fluian desde los campos saudíes, financiados por un rico constructor de origen yemení, dio pie a “La Base” (en árabe Al Qaeda). En esa lista figuraban todos los veteranos de la guerra afgana, que a su vez, deberían ser punta de lanza para liberar el Kuwait ocupado por Sadam y quien sabe si entrar en la misma Bagdag. Pero el Tío Sam sabemos que tenía otros planes, y de aquellos barros vinieron terribles lodos. Primer ataque a las Torres Gemelas. Atentados que iban subiendo de intensidad y que alcanzaron un punto de inflexión con las voladuras de las embajadas norteamericanas de Kenya y Tanzania en el 98.
Desde entonces, era cuestión de tiempo que llegara el gran petardazo. Y llegó. Desde el 11S de 2001 el mundo no volvió a ser igual. Ni volverá a serlo.
Pero en Occidente no aprendemos. Desde el fin de la IIGM la estrategia del alto mando choca siempre con la corrección política. De nada sirve tener una potencia descomunal si se emplea sin control, o simplemente, no se usa. Truman destituyó a MacArthur, y desde entonces, no se volvió a ganar una guerra. Da igual que en el campo de batalla el ejército no sea derrotado. O que causes miles de bajas al enemigo. Ni se consiguen los objetivos, ni se mejoran las condiciones de vida de la población local, ni se invierte en infraestructuras más allá de las bases militares. En los últimos 70 años, sólo Templer fue capaz de derrotar a los insurgentes malayos. Y no precisamente con buenas maneras, cancioncitas o política buenista.
Hay momentos para la política y otros para la guerra. Y cuando toca lo segundo, hay que dejar a los que saben. Que la tecnología ayuda. Por supuesto. Pero donde no se mete la infantería y arrincona hasta el exterminio o rendición al enemigo, no esperes soluciones mágicas.
Esto es lo que ha ocurrido en suelo afgano. Y ahora todos veremos, y pagaremos, las consecuencias. El país queda de nuevo en manos de los barbudos. Los mismos que matan, violan y lapidan impunemente. Los mismos que volaron los Budas Bimayan por considerar cualquier muestra de arte como herético. Sus amigos del Daesh ya hicieron lo propio en Palmira. Y si un día llegan a Egipto, olvídense de la Esfinge, Luxor o Abu Simbel.
Por otro lado, qué mal cuerpo deja eso de China o Irán se hayan apresurado a reconocer al nuevo régimen (Hamas también, pero eso casi era previsible). Veremos a los mandarines extender su influencia aún más en Asia Central? Todo apunta a que si.
En cuanto a los ayatolas, bien es sabido que los contrabandistas persas se entienden muy bien con los turcos a la hora de mover opiaceos y otras sustancias hacia el “mercado europeo”. Quiere eso decir que habrá más heroina y pastillas circulando por las calles de nuestras ciudades? Seguro.
Pues aunque ya no tenga remedio, cabezas más pensantes e influyentes la mía, espero que se sienten y saquen conclusiones de cara al futuro.
En muchos escenarios no vale ofrecer libertad,pantalones texanos, rock y porno. Ver menos